Carmen Lomana en Castrillo de los Polvazares – La Maragatería

Castrillo de los Polvazares

Carmen Lomana en Castrillo de los Polvazares

28 de diciembre de 2013. 04:41h
Carmen Lomana.

Quiero pedir su opinión sobre algo que me tiene confusa y harta: esta moda de no llamar a las cosas por su nombre, y, en un ejercicio de cinismo, echarse las manos a la cabeza al decir que alguien es negro. Tiene que ser de color. ¿Y los blancos no somos de color? Los ciegos, invidentes; los cojos, discapacitados; los gordos (eso sí que es innombrable), entraditos en carnes… Tú le dices a uno que está flaco, y todos encantados, pero como le digas gordo, ¡se arma! Hoy he podido comprobarlo en Twitter. Escribí: «Como siga comiendo así, se me va el glamour al garete, me estoy poniendo “fati” de tanto dulce», y recibí ataques de algunos seguidores «entraditos en carnes».

Los humanos lo celebramos todo comiendo, alegrías y penas, porque después de un entierro, por tristes que estemos, se prepara un refrigerio, y de ahí viene ese refrán de «el muerto al hoyo y el vivo al bollo»… Y qué les voy a contar de la Navidad. En casa de mi familia parece que estuviesen esperando a un grupo de refugiados de guerra que lleven meses sin comer por la cantidad de viandas que se preparan. Todo lo organiza mi hermana María José, que siempre dice: «Creo que no habrá suficiente». Y así empezamos Nochebuena, y el 25, todos a Castrillo de los Polvazares, un pueblo bellísimo en el corazón de la Maragatería (León), donde en casa de Maruja Botas se toma el mejor cocido del mundo. Y si no, que se lo pregunten a Luis del Olmo o a la Infanta Elena, que han dado buena cuenta de ello. Una casa antigua, estufa de carbón y la nieve cayendo fuera… La estampa no podía ser más bonita. Los maragatos son un pueblo prodigioso, de origen judío según unos y bereber según otros, arrieros que transportaban a la corte telas, encajes, joyas y comida, sobre todo pescado de Galicia a Madrid. Y ellos, el cocido lo empiezan por la carne, el chorizo y todo lo más sabroso, y lo terminan con la sopa. Y seguro que han escuchado muchas veces ese dicho de: «Entra como Pedro por su casa», pues Pedro era maragato y proveedor de Isabel II, y entraba a palacio, pues eso, como a su casa. Y es que León es una tierra única: las primeras cortes europeas fueron las leonesas, y por eso en su himno cantan que «sin León no hubiera España». En el medievo, era el París de la época para todos los que hacían el Camino de Santiago, con las mejores posadas de peregrinos y un comercio donde se fundían las tres culturas.

Pero de todas las maravillas que tiene León, hay una joya especial: su catedral gótica, de una ligereza y belleza difícil de encontrar, especialmente sus vidrieras y su rosetón central donde la luz se filtra y crea un caleidoscopio de color que envuelve todo con su magia. Los señores del cabildo la tenían cerrada el día 25 y no hacen Misa de Gallo, ni concierto de Navidad con su gran órgano. Y no queda ahí la cosa: se supone que el fin de una catedral es el culto y acoger a los feligreses… Pues tampoco, sólo dicen misa en un pequeño altar para así cobrar entrada. Yo intenté visitarla con un amigo francés y fue imposible. ¿Cómo lo ven? Me despido para siempre porque me han fichado en «Le Figaro». Les deseo un 2014 prodigioso y lleno de trabajo que ya toca, ¿no?

Fuente: La Razón

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